Vigilar y Castigar
En esta ocasión, quise hacer una ilustración que abarcara el tema de la vigilancia constante de la que somos víctimas todas las personas.
Todos sabemos que estamos constantemente vigilados, y así también lo vimos durante las clases de este semestre, al revisar el pensamiento que tenía Michel Foucault.
La vigilancia viene de las cámaras, de las redes sociales, las personas que nos rodean, incluso de nuestras propias familias y amigos, y por lo tanto, en cierto modo la tenemos normalizada.
No nos sentimos amarrados a un juicio constante, ni a una vigilancia total, si no que evitamos pensar en ello.
Hasta cierto punto, nosotros mismos le permitimos al mundo que nos vigile, publicando que hacemos en alguna red social, o contándole a todo el mundo cuales son nuestros planes para las vacaciones, por ejemplo.
Siempre tenemos un par de ojos sobre nuestras cabezas. En el último de los casos, muchas personas se sentirán vigiladas por el dios en el que crean.
Por todo lo que he escrito, mi ilustración es simplemente una persona cualquiera acariciando a la vigilancia. Ya no es ni si quiera una bestia, un problema, un enemigo, si no que es casi una mascota, un amigo en el que podemos confiar.
No debemos normalizar la vigilancia y no debemos acatar todo lo que se nos ordena, solo hay que tener el criterio suficiente como para decidir por nosotros mismos que es lo que haremos y lo que no.
Todos sabemos que estamos constantemente vigilados, y así también lo vimos durante las clases de este semestre, al revisar el pensamiento que tenía Michel Foucault.
La vigilancia viene de las cámaras, de las redes sociales, las personas que nos rodean, incluso de nuestras propias familias y amigos, y por lo tanto, en cierto modo la tenemos normalizada.
No nos sentimos amarrados a un juicio constante, ni a una vigilancia total, si no que evitamos pensar en ello.
Hasta cierto punto, nosotros mismos le permitimos al mundo que nos vigile, publicando que hacemos en alguna red social, o contándole a todo el mundo cuales son nuestros planes para las vacaciones, por ejemplo.
Siempre tenemos un par de ojos sobre nuestras cabezas. En el último de los casos, muchas personas se sentirán vigiladas por el dios en el que crean.
Por todo lo que he escrito, mi ilustración es simplemente una persona cualquiera acariciando a la vigilancia. Ya no es ni si quiera una bestia, un problema, un enemigo, si no que es casi una mascota, un amigo en el que podemos confiar.
No debemos normalizar la vigilancia y no debemos acatar todo lo que se nos ordena, solo hay que tener el criterio suficiente como para decidir por nosotros mismos que es lo que haremos y lo que no.
Comentarios
Publicar un comentario